SILENCIADO EN LOS MEDIOS
LA EMPRESA DECIDE UNILATERALMENTE EXTENDER LA JORNADA LABORAL
La empresa frigorífica decidió unilateralmente aumentar la jornada de trabajo a 10 horas. Ante el reclamo de los trabajadores, los delegados fueros separados. Una situación que define el marco de alta concentración y explotación laboral en el que transcurre la producción de carnes en la Argentina.
El frigorífico Swift de Villa Gobernador Gálvez impone la elevación de las jornadas a 10 horas a los 1.300 empleados. Un ingrediente en el panorama de superexplotación que atraviesa al sector de la carne de punta a punta y que tiene en los frigoríficos un actor principalísimo.
Sueldos que van de los 6.500 pesos para los operarios iniciales hasta los 7.500 para aquellos con más experiencia y categoría calificada, pésimas condiciones de trabajo, control estricto de los ritmos de trabajo y, a partir de ahora, más tiempo para las tareas que requieren un alto desgaste físico y generan inmensas ganancias para los accionistas brasileños. Un mapa de la explotación con acento actual.
Tampoco contó con el respaldo del gremio obligando a cumplir lo dictado por el juez: “hoy la empresa está incumpliendo con lo que el juez firmó que es la reinstalación de las dos horas gremiales que me corresponden. Tomó arbitrariamente la decisión y no está acatando a la justicia. Yo tendría que estar adentro de la planta, más allá de lo que quiera la empresa. Así se manejan, con esa impunidad.”
Como si no existiera la inflación y las condiciones fueran óptimas, amparados en el argumento de no arriesgar las fuentes de trabajo, el gremio cerró un acuerdo a la baja en las paritarias, con un aumento discriminado en 14% para abril, cuando se firmó; 8% de julio a fines de noviembre y en adelante, hasta el 31 de marzo del 2015, otro 8%. También modificó el presentismo atándolo al 8%. No es recomendable, entonces, enfermarse o sufrir algún accidente. Una carrera imposible de ganar.
En la ecuación, la salud de los trabajadores no es una variable a tener en cuenta a la hora de cuantificar las ganancias: “tenemos mucha superexplotación. Estamos sometidos a trabajar a un ritmo muy elevado: tenemos 900 cabezas todos los días en 9 horas. Los compañeros terminan agotados, con dolores en los brazos, las manos y la cintura”, agrega el delegado.
Para evitar que los trabajadores recurran al seguro y estén fuera de la planta durante algunos días, lo que genera pérdidas para la empresa, y con el excusa de evitar accidentes de trabajo, la empresa impone métodos particulares para el cuidado, como la utilización de piletones con hielo para deshinchar los tendones y articulaciones y permitir que los brazos sigan funcionando: “es una rutina que se hace diariamente: la empresa los llama por legajo y dicen a quién le toca meter la mano en los piletones con hielo. Dicen que es para desinflamar los tendones y evitar accidentes de trabajo. Pero la realidad es que se trata de una forma para que rindan al 100% en la productividad y evitar que vayan al seguro y estén tres o cuatro días afuera de la planta por algún problema. Todo para disminuir pérdidas”, sintetiza Aguirre. Paliativos para que los problemas físicos se posterguen y no repercutan en la inmediata producción: esas son las reglas de la eficiencia.
“Esa es la única medida que toman para la salud de los trabajadores. Y si se encuentra algún compañero con alguna dolencia dentro de las horas de trabajo, se lo autoriza a ir al servicio médico y, dependiendo de la dolencia, le dan calor o frío y lo dejan en reposo media hora o 45 minutos y nuevamente tienen que retomar las actividades. Como dice un compañero delegado: falta que nos metan el hielo por la boca y ya estamos curados. Todo se reduce a eso: calor o frío”, añade.
La presencia de los capitales brasileños es absoluta y su hegemonía fue gestándose a través de la compra de otras empresas en un proceso de sistemática concentración que le dio preponderancia en las cadenas inte
rnas de los países en los que tiene presencia, a la vez que se expandió por toda la región, diversificando sus inversiones y contando con mayor capacidad de extorsión y chantaje: “El nuevo esquema de negocios, obviamente, llevó a las célebres reestructuraciones, y así comenzaron a cerrar diversas plantas en todo el país y miles de trabajadores quedaron en la calle sin mayores inquietudes. Este proceso de achicamiento fue acompañado de una sistemática concentración en la industria frigorífica brasileña: JBS compró el año pasado a Marfrig, incluyendo sus bienes en la Argentina, conformando una colosal estructura de 80 mil trabajadores, siendo la más grande del mundo en el sector (el grupo JBS-Friboi es un gigante con negocios extendidos por todo el continente, incluyendo el negocio financiero con los bancos JBS y J&F). De las ocho plantas que este coloso regional llegó a contar en la Argentina, solo quedan operando una, en Villa Gobernador Gálvez, donde concentró todas las actividades; Marfrig también comenzó a cerrar sus plantas, proceso de desinversión que comenzó en 2012, cuando se desprendió de la marca Paty: en el primer trimestre del año pasado reconocía pérdidas por 40 millones de dólares y la aplicación de medidas de achicamiento y cierre de plantas.”
El proceso de concentración que se produjo en la Argentina en los últimos años dotó a los grandes capitales del dominio total de la cadena y los transformó en los actores capaces de determinar las políticas del sector e influir en todas las instancias de la producción, desde la compra de las cabezas hasta la fijación de los precios en las góndolas para consumo.
Las inversiones se dieron en distintos países de la región como Paraguay y Uruguay, que cuentan con mejores animales que Brasil, y de esa forma, gozan de la posibilidad de buscar nuevos destinos para sus actividades cuando el rumbo político no es beneficioso. La expansión regional de los capitales brasileños dueños de los frigoríficos les permite una posición hegemónica desde donde extorsionan a los trabajadores e, incluso, al poder político que permitió ese avance, amenazando con levantar sus operaciones y trasladarlas a otros países donde las condiciones para sus negocios sean mejores.
Corporation, en la que JBS controla un 75% y cuenta con ingresos anuales por 4 mil millones de dólares, tiene sede en Chicago y una planta de 9 mil trabajadores. La estrategia global es fortalecer la presencia en el segmento de productos con valor agregado que se comercializa en los mercados internos. Esa disposición se replica en la Argentina y fue la que derivó en la concentración de actividades en Villa Gobernador Gálvez. JBS es la mayor productora de proteína animal, pero también vende cueros, productos de higiene, limpieza y biodiesel, acumulando alrededor de 300 mil clientes en 150 países. Un gigante mundial contra el que un grupo de delegados debe batallar.
En el país se encuentra en ese proceso de reacomodamiento, acaparando otros establecimientos que trabajan a su servicio y absorbiendo todas las instancias de la cadena de producción. Esa es la relación de fuerza en la que se produce el conflicto.
FUENTE: ANRED



